COMO EVITAR PROBLEMAS EN LA SALUD CAUSADOS POR UN PRODUCTO NATURAL

Por Isela Febres

Podríamos asumir de manera práctica que cualquier alimento producido por la naturaleza debería ser beneficioso para la salud. Quizás unas décadas atrás podríamos asegurarlo sin mayor problema ¿Qué ha cambiado? 

Definitivamente han ocurrido muchos cambios en las formas de producción agrícola y pecuaria. La producción agrícola principalmente ha dejado de estar a cargo de pequeños agricultores y ha pasado a manos de grandes corporaciones cuyo principal objetivo es lucrar y no necesariamente velar por el bienestar del consumidor final.

Si nos trasladamos en el tiempo, unos cien años atrás, el 38% de la población americana vivía o dependía de la agricultura.  Hoy en día, menos del 1% está a cargo de la producción alimenticia en los Estados Unidos. Fueron grandes corporaciones las que tomaron cargo de la mayor parte de la producción agrícola, con ello la agricultura se “modernizó” y el monocultivo, es decir la producción de un solo cultivo de forma masiva se incrementó. El monocultivo es un sistema de cultivo muy dependiente de fertilizantes y pesticidas químicos. Ese ha sido el mayor cambio del siglo en la producción de cereales como el trigo, la cebada, la soya, el maíz y muchos otros.

En este tipo de agricultura, la semilla no puede volver a utilizarse para la siembra, especialmente los transgénicos o GMO (genetically modified organisms), el agricultor se ve obligado a comprar la semilla cada año. Son las corporaciones que patentan las semillas, quienes a través de la manipulación genética se aseguran que la semilla que venden produzca una semilla no viable. Estas mismas corporaciones son las que producen y comercializan agroquímicos, con la finalidad de lograr mayores cosechas y frutos libres de daños de insectos. Al evitar las perdidas ocasionadas por plagas y enfermedades se maximiza la cosecha y se logra un ingreso económico mayor. 

Es por este motivo que la agricultura orgánica nunca podrá competir en precios con la agricultura convencional, ya que la fertilización química y uso de pesticidas está prohibido, por ello las cosechas son mucho menores y por ende los precios deben ser mayores, lo cual no garantiza que su producto pueda venderse fácilmente.

La realidad es que el público demanda comida y lo más barata posible, es así como la mayor producción de alimentos del mundo se realiza de forma convencional. En otras palabras, el agricultor se ha visto en la necesidad de modernizar el campo y ser mas eficiente en la producción y así asegurarse un ingreso económico.

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El maíz que consumimos hoy en día en los Estados Unidos es en su mayoría genéticamente modificado. El 96% de la producción americana es “GMO”

Hasta ahora podemos concluir que debido a que la población en general se ha desligado más de la agricultura, los productores se han visto en la necesidad de producir mucho más y a un precio atractivo, por ello han tenido que recurrir a la “modernización“ del campo.  Con ello respondemos a la pregunta ¿qué ha cambiado? Pues bien, han cambiado las formas de producción y con ello la calidad del producto final. La frutas y verduras son mas grandes y perfectas, libres de daños de insectos pero lastimosamente poseen residuos de pesticidas en ellas. Ahora bien, asumiendo que los residuos de pesticidas ocasionan daño a la salud en el largo plazo ¿qué podríamos decir sobre una modificación genética?

La propuesta de modificación genética en la agricultura, surgió hace un par de décadas no para solucionar problemas del hambre del mundo, como afirman las corporaciones que venden semillas genéticamente modificadas, sino más bien para facilitar las labores agrícolas y evitar el uso de mano de obra y más bien incentivar el uso de maquinaria. Como ejemplo práctico está el maíz. Un producto natural que pudiera ser la causa de muchas enfermedades crónicas.

El maíz que consumimos hoy en día en los Estados Unidos es en su mayoría genéticamente modificado. El 96% de la producción americana es “GMO”. Hay dos variedades que representan la mayoría de los campos. La que resiste la aplicación de herbicidas por avioneta y a la que se la ha insertado un bactericida para que cuando un insecto muerda la planta, muera instantáneamente. El gran problema de la modificación genética es la imposibilidad de predecir las consecuencias en la planta, el fruto y el organismo que lo consume, en este caso el ganado y los propios seres humanos.

De acuerdo a estudios realizados recientemente, entre los posibles trastornos ocasionados por el consumo de GMO’s están los trastornos gastrointestinales, las alergias, enfermedades auto-inmunes, autismo, alzheimer, cáncer y lo más alarmante es que los genes modificados continúan afectando el sistema digestivo como una fábrica de antibióticos. Es decir, una vez que los consumimos, la bacteria sigue reproduciéndose en nuestro organismo, se transporta por todo el cuerpo e incluso llega al feto de mujeres embarazadas.

Para mayor referencia sobre los estudios efectuados en GMO’s recomiendo revisar la pagina del Institute for Responsible Technology IRT: https://responsibletechnology.org.

Como madre de niños en edad escolar, siempre ha sido una lucha tratar de mantener la dieta alimenticia en casa lo mas sana posible. Para ello, es imprescindible leer y asesorarse sobre los GMO’s,  leer las etiquetas de los productos y evitar los alimentos procesados. Es por ello, que decidí junto a mi socia Mónica, formar una empresa dedicada a la producción y distribución de productos naturales libres de GMO y en lo posible “orgánicos”. Dado que los latinoamericanos consumimos el maíz en casi todos nuestros alimentos (tortillas, arepas, sopas, tamales, etc), es imperativo el uso de una harina libre no solo de pesticidas sino de GMO’s. Una harina hecha con insumo de campos de comunidades agrícolas que practican agricultura sostenible y que utilizan un maíz ancestral para dar como resultado un producto natural y sano. Para mayor información de esto productos pueden hacer seguimiento a nuestra página MUNAY FOODS en Facebook e Instagram. 


Isela Febres es ingeniera agrónoma y amante de la buena alimentación. Para contactarla, puedes escribirle al correo electrónico iselafebres@yahoo.com.

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